FUTOPIX | El Último Mundial
Toma 34 | La Guerra por la Supremacía de los Coleccionables
El Negocio Mundial
Aún usaba pantalones corticos cuando hice mi primer álbum PANINI del mundial. Me acuerdo como si fuera hoy, cuando contaba los minutos para que mi mamá tuviera que comprar algo en la tienda del barrio y me mandase a buscar la compra, y pasar a decirle que si me podía quedar con el cambio (nosotros le decimos la devuelta). Entre cada kilo de panela y botella de leche, iba completando las laminitas del álbum (en otras partes les llaman las monas, barajitas, cromos, stickers, etc.), para nosotros los nacidos en Medellin, eran los “caramelos”. Aquí, pensándolo bien, creo que nunca me alcanzaron los vueltos para llenar un álbum; (fue caro desde siempre), eso solo ocurrió algunos años más adelante, cuando mi poder adquisitivo cambió.
Hablar del álbum del mundial de fútbol PANINI es imposible, sin remontarse a la memoria sensorial y olfativa: el olor a tinta, la goma esparcida por toda la ropa, porque en esa época no habían autoadhesivos; se pegaban con goma ordinaria, una cosa chiclosa y pegotuda que usábamos en para los trabajos manuales de la escuela. Los que eran de mejor estrato social podían comprar Colbón, un adhesivo de PDA del cual perdí rastro y no sé si aún existe.
El álbum del mundial era siempre esperado con ansias, era fruto de festejos y de una economía subterránea de barrio: las cambiatones y la recitada ante los crupieres diciendo; “lo tengo, lo tengo, lo tengo…”, eso sí siempre con tres ojos porque no faltaba el bully que llegaba y de un manotazo tumbaba el fajo, el famoso tumbis y ahí sí, llórelo!
¿Será que lo de empresario llorón me viene de aquí? Sabrá usted…
El álbum del mundial era más que una afición, era toda una pasión, un ritual y casi que una liturgia. Quien completase el álbum se sentía también campeón del mundo, era el Maradona del barrio. Recuerdo que las tiendas del barrio, los parques y las salidas de las escuelas se llenaban de “ranfañeros” (palabra exótica para describir los revendedores de figuritas), quienes con sendas cajas hacían su agosto, vendiendo las láminas escasas a precio de bitcoin.
Han pasado los años y la fiebre del álbum del mundial volvió a mí para hacerme revivir el vértigo y la ansiedad de conseguir las figuritas. He tenido algunos contactos con escuelas de fútbol aquí en USA, donde vivo, y percibo que la fiebre del mundial está más viva que nunca, que la tradición del album se ha extendido de generación en generación. Así como mi papá me la pasó a mí, veo tanto a padres como hijos haciendo romerías para no quedarse sin las figuritas de sus ídolos. Antes de pensar que el tema era un asunto de cuchos, el frenesí de la colección PANINI está más vivo que nunca.
La Industria Billonaria detrás de las Figuritas
Pero qué negocios se cocinan dentro de la caja de Pandora que representael negocio de las figuritas, laminitas o estampitas coleccionables. Abramos esa caja para que veamos que detrás de un negocio aparentemente inocente se esconde una industria con más dientes que una pelea de perros.
PANINI nació en 1961 en Módena, Italia, gracias a la iniciativa de los hermanos Panini (4), quienes comenzaron a vender imágenes coleccionables de los jugadores del fútbol italiano en un quiosco que tenía la familia en el que distribuían periódicos. Lo que comenzó como una operación local de papelería se fue convirtiendo con el tiempo en una multinacional. En 1970 los hermanos PANINI firmaron un contrato que cambiaría su destino para siempre. Ese contrato lo realizaron nada más y nada menos que con la FIFA, quienes les otorgaron los derechos para publicar el primer álbum oficial de stickers del Mundial de México 1970.
Hoy, Panini S.p.A. es una sociedad por acciones italiana, con sede en Módena, propiedad de Panini Management y Fineldo (holding familiar de la dinastía Merloni, vinculada a Indesit). Para el año 2024, PANINI reportó utilidades por €1.9 billones de euros, más de 1,000 empleados y operaciones organizadas en cuatro divisiones: Collectibles, Publishing/Comics, Panini Digital y The Licensing Machine.
Cuatro Formas de Hacer Billete
1. El motor principal (stickers + trading cards)
Este es el corazón económico de PANINI, opera bajo la siguiente lógica:
Stickers de álbumes de fútbol: producto de altísimo volumen, bajo costo unitario, márgenes excelentes. Distribuido en quioscos, supermercados y tiendas de conveniencia en más de 150 territorios. Su economía está basada en el “impulso compulsivo”: en EEUU un sobre cuesta dos dólares, trae 7 stickers, y para completar el álbum se requiere un promedio de compra de 1400 imágenes. Durante los picos del Mundial, la sola fábrica en Módena produce entre 8 y 10 millones de paquetes diarios.
Trading cards licenciadas: este es el producto premium de PANINI, con un mayor valor unitario y márgenes variables según el segmento (retail vs. hobby premium). En EE.UU., Panini America (con sede en Texas) produce las marcas Prizm, Optic, Select, Mosaic, National Treasures, Immaculate y Flawless para la NBA y la NFL.
2. Los cómics y la diversificación silenciosa
Esta es la división menos discutida, pero estratégicamente importante. PANINI produce aproximadamente 8,000 publicaciones anuales en cómics, manga, novelas gráficas y libros infantiles, principalmente orientadas a los mercados europeos y latinoamericanos. En Italia, PANINI es el editor oficial de los cómics de Marvel y de Mickey Mouse (Disney). Esto le proporciona ingresos recurrentes que no dependen del ciclo de eventos deportivos, suavizando la volatilidad inherente al modelo de los Mundiales cada cuatro años.
3. Panini Digital, la apuesta híbrida
Este es el nuevo campo de batalla en el que PANINI ha incursionado con apps como Panini Sticker Album (donde los usuarios pueden mantener un álbum digital paralelo al físico), juegos de intercambios digitales y software de captura de estadísticas. A través de Panini Digital, la empresa usa software activado por voz para capturar estadísticas de fútbol, las cuales luego se venden a agentes, equipos, medios de comunicación y fabricantes de videojuegos. La app desarrollada para el Mundial de Rusia alcanzó más de 1.5 millones de usuarios.
4. The Licensing Machine, la propiedad intelectual
Panini LM compra y revende licencias de personajes y propiedades intelectuales. Actúa como agente para individuos y periódicos que buscan derechos sobre los cómics y las celebridades. Es un negocio de márgenes muy altos, pero de bajo volumen.
La Escasez Controlada
El CEO de Panini America, Mark Warsop, dice que: “manufacturar escasez significa hacer un acto de balance delicado entre producir números limitados de tarjetas de alto valor, mientras se mantiene el valor percibido en cada paquete para que la madre que compra stickers en Walmart y el coleccionista que gasta $500 en una hobby store sientan ambos que están recibiendo lo mejor por lo que pagaron.”
Esta dualidad es la clave del negocio. Un sobre de $2 dólares vendido a un niño en una tienda de barrio en Hialeah y una Hobby Box de $1,500 vendida a un coleccionista adulto en Dallas comparten la misma máquina de producción, la misma red de licencias y el mismo equipo de diseño. El modelo arbitra entre dos psicologías completamente diferentes: el juego infantil del intercambio y la inversión adulta en escasez, usando para ambos la misma infraestructura.
El Factor Mundial
El album del mundial de fútbol, es el producto más icónico de PANINI que opera bajo una lógica de picos cuatrienales:
El último Mundial 2022 generó más de €2 billones en utilidades.
PANINI aseguró un acuerdo exclusivo con FIFA que extiende su asociación histórica hasta 2030, dándoles los derechos exclusivos de stickers y cards para el Mundial 2026, el Mundial Femenino 2027 y el Mundial 2030.
PANINI lanzó oficialmente el álbum del Mundial 2026 el 28 de abril de 2026 en una ceremonia en Wembley Stadium, presentando la colección más grande en la historia de la compañía italiana: 980 stickers cubriendo 48 selecciones nacionales en 112 páginas.
El MOAT Operacional
PANINI Posee una red de distribución física propia en 150+ territorios a nivel global. A través de esta red puede llevar sus productos a las manos de sus clientes de forma fácil. Esto importa enormemente en mercados donde Amazon y los retailers grandes no son la vía principal, sobre todo en Latinoamérica, Asia del Sudeste, partes de África y Europa del Este. La empresa produce desde Módena para casi todo el mundo, excepto en USA y Latinoamérica, donde tiene dos fábricas: una en Texas y la otra en Brasil.
Los Disruptores
Jean Marie Dru, fundador de TBWA, decía que el problema de la economía moderna es que, en algún lugar del mundo, en algúb garaje de una casa, hay un nerd con una computadora tratando de disrumpir tu modelo de negocios, y esto aplica al pie de la letra para PANINI.
La semana pasada, los que pertenecemos a la religión PANINI nos quedamos fríos cuando escuchamos decir en una conferencia al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, que a partir del año 2030 PANINI no será más el fabricante del álbum del mundial y que, a partir de ese año, nuestro álbum como lo conocemos desaparecerá y estará a cargo de la multinacional FANATICS. Si el tema nos cayó como un balde de agua fría a los coleccionistas de nostalgia, imagínense cómo estarán las cosas dentro de PANINI.
Esta noticia no es nueva, a pesar de que fue anunciada recientemente en la conferencia de Infantino. El tema de que PANINI estaba en la cuerda floja ya venía carburando en las entrañas de la FIFA. Además de que existe una guerra legal de varios años entre PANINI y Fanatics. En este orden de ideas las intrigas operan en tres frentes simultáneos: la pérdida de las licencias americanas de PANINI, los litigios de orden legal y la posible venta de la empresa.
Las Licencias Perdidas
PANINI construyó su dominio en el mercado norteamericano en 2009 con un movimiento brillante. Aprovechándose de que la NBA canceló los contratos de Topps y Upper Deck, y a pesar de que ambas empresas habían expresado su interés de seguir imprimiendo tarjetas de basketball. PANINI tomó la ventaja al ver ambas empresas estaban descapitalizadas, y llegó a la negociación con las ligas con la plata en la mano, lo que a la postre dejó a estos dos competidores por fuera del negocio. En menos de tres años, PANINI se convirtió en el segundo mayor productor de tarjetas deportivas del mundo.
Aquí hay una lección estratégica brutal: muchas veces las grandes oportunidades aparecen cuando los gigantes atraviesan problemas de liquidez. PANINI no ganó únicamente por visión; ganó porque llegó al momento correcto con capacidad de ejecución y capital disponible. En industrias altamente competitivas, el “timing” puede ser más importante que el producto mismo.
En enero de 2022, Fanatics compra a Topps y procede a ofrecerle a las ligas un movimiento mucho más audaz para sacar a PANINI del camino. Esta vez, no solo puso más dinero sobre la mesa, sino que además les ofreció equity dentro del negocio, dejando a PANINI prácticamente por fuera del mercado de los Estados Unidos. En pocas palabras, terminó pagándoles con la misma moneda lo realizado en 2009.
Lo fascinante de esta movida es que la batalla dejó de ser una simple negociación de licencias para convertirse en una guerra de integración vertical. Fanatics entendió que no bastaba con fabricar productos; había que controlar el ecosistema completo: licencias, atletas, distribución, plataformas digitales, breakers, eventos y experiencia de usuario, y eso cambió completamente el tablero.
Este es el cronograma de la caída de Panini:
Agosto 2021: Fanatics anuncia acuerdos exclusivos con MLB/MLBPA (a partir de 2026), NBA/NBPA y NFLPA para el futuro.
Octubre 2025: Fanatics/Topps toma oficialmente el control de las licencias NBA.
Abril 2026: Topps, propiedad de Fanatics, se convierte en el licenciatario exclusivo de cards de la NFL.
Después de abril de 2026, Fanatics tendrá licencias exclusivas para NBA, NFL, MLB, Premier League, F1 y WWE.
Para Panini America, esto significa que su línea de productos NBA y NFL, que sostuvo buena parte de su crecimiento durante 15 años, ahora desaparecerá.
Es aquí donde surge el verdadero problema: cuando una empresa depende demasiado de licencias externas, nunca controla realmente su destino. Puede tener el mejor diseño, la mejor manufactura y la mejor distribución, pero si otro actor llega con más capital y mejores incentivos financieros, el castillo entero puede empezar a desmoronarse en cuestión de meses. Esta es una lección que personalmente he vivido en carne propia, por eso cuando voy a invertir en cualquier negocio nuevo, siempre me pregunto, de que lado esta el mango de la sartén.
La Guerra Legal
PANINI no se ha rendido de forma pasiva. En agosto de 2023, PANINI presentó una demanda contra Fanatics. El núcleo del argumento legal es que Fanatics conspiró con las ligas para crear un monopolio abiertamente ilegal.
La jueza que llevó el caso dijo en su reporte que “hubo una conspiración entre la NFLPA, la MLBPA y Fanatics para licenciar la propiedad intelectual de ambas asociaciones de jugadores de forma exclusiva”.
Igualmente argumentó que PANINI “alegó adecuadamente los hechos” que apoyan su reclamo de que Fanatics goza de “poder monopólico” porque puede fijar precios y excluir competidores a su amaño.
El fallo de esta jueza permitirá a PANINI perseguir una responsabilidad antitrust, incluyendo una posible orden judicial “contra la implementación de los acuerdos exclusivos a largo plazo” para producir y comercializar trading cards. Pero en ningún caso recuperará las licencias.
La lucha por el control del mercado de las figuritas parece ser mucho más profunda de lo que imaginamos. Parece más una batalla geopolítica que una disputa de mercado.
Se dice que presuntamente Fanatics compró la imprenta que usaba PANINI para producir sus productos y, con ello, desaceleró su producción.
PANINI acusa a Fanatics de amenazar con poner en una lista negra a sus empleados para que nunca puedan volver a trabajar en la industria, a menos que renuncien inmediatamente y se unan a Fanatics.
La batalla legal también detalla cómo Fanatics presuntamente se apalancó en su poder monopólico para coaccionar a distribuidores, retailers y card shops locales a aceptar precios más altos y términos restrictivos, mientras hacía raids de empleados a PANINI y presionaba a los atletas estrella para firmar acuerdos exclusivos de autógrafos.
Fanatics también presentó una contrademanda en la que alega que PANINI implementó prácticas abusivas de empleo que impedían que ex empleados de esta empresa pudieran vincularse a Fanatics. La compañía negó las afirmaciones y respondió acusando a su competidor de iniciar una “campaña prolongada, ilegal y engañosa de prácticas comerciales injustas, tácticas de presión y competencia desleal”, en un intento por forzar a Fanatics a pagar una suma gigantesca para que PANINI terminara anticipadamente sus licencias en 2022.
De aquí en adelante este FUTOPIX deja de ser sobre figuritas. Porque lo que realmente estamos viendo es una guerra moderna por el control de ecosistemas culturales. Licencias, plataformas, manufactura, talento, atletas, canales de distribución y propiedad intelectual están siendo absorbidos dentro de una lógica de consolidación brutal donde el ganador no busca competir: busca centralizar el poder y hacerse con el control total de una industria prácticamente sin competidores.
Aunque PANINI podría ganar muchísimo dinero en daños y perjuicios, la búsqueda de una reparación, cuando los daños monetarios no son suficientes, probablemente no será otorgada, según abogados especializados en este tipo de negocios.
Es decir: probablemente Panini reciba un cheque, pero de nuevo no recuperará las licencias.
Lo Que Sigue para PANINI
Esta es la intriga más reciente y quizás la más decisiva. PANINI está explorando opciones estratégicas, incluyendo una posible venta. Citi Bank ha sido seleccionado como asesor financiero de Panini Group para evaluar este proceso. La exploración estratégica de PANINI sigue muy de cerca a la muerte del CEO Aldo Hugo Sallustro en abril de 2024, quien lideró PANINI durante más de 30 años mientras supervisaba la expansión de la empresa hacia Estados Unidos.
Las especulaciones apuntan a inversores globales como Advent, Charterhouse y CVC como compradores potenciales. Aquí aparece el subtexto verdaderamente importante.
La muerte del CEO histórico disparó automáticamente la conversación de sucesión. Sallustro había sostenido la cultura ítalo-argentina de la empresa durante tres décadas. Su muerte deja un vacío de visión estratégica en el peor momento posible: pérdida de licencias americanas, presión competitiva y transformación estructural de la industria.
El comprador más natural sería Fanatics, lo cual consolidaría completamente el sector de coleccionables deportivos bajo un solo techo: Topps + Panini. Eso representaría el cierre formal del duopolio histórico que dominó la industria durante décadas.
Pero el “timing” no parece accidental. El Mundial 2026 será probablemente un año extraordinario para PANINI. La empresa podría superar nuevamente los €2 billones impulsada únicamente por el evento. Eso maximiza brutalmente la valuación del activo antes de cualquier posible adquisición. Los rumores de venta justo antes del Mundial no son coincidencia, son el pico del valor narrativo y financiero de la compañía. Mientras tanto la lucha por el control del mercado y del talento en esta industria se mantendrá.
Fanatics ha contratado varios staffers de PANINI, y este último ha intentado bloquear el éxodo. Esto importa muchísimo más de lo que parece, porque el conocimiento de manufactura, diseño y secondary market de tarjetas no es trivial. PANINI construyó dos décadas de expertise en EE.UU.: diseñadores, especialistas en parallels, expertos en autograph procurement y relaciones con atletas.
Si Fanatics logra extraer ese talento, no solo gana las licencias, también gana la capacidad operacional para ejecutarlas. Sin ese talento, las licencias serían solamente papel y ahí está uno de los grandes secretos de las industrias creativas: las compañías no compiten únicamente por clientes o contratos; compiten por conocimiento acumulado.
El Último Sticker
Quizás esta historia nunca fue realmente sobre figuritas. Nunca fue solamente acerca de stickers impresos, sobres metalizados o fútbol. En el fondo, siempre estuvo hablando de nosotros. De los niños que corrían al quiosco con las monedas sudadas dentro del bolsillo, de las tardes eternas cambiando láminas en las aceras, de la ansiedad de abrir un sobre esperando que por fin apareciera la difícil, y de ese pequeño ritual colectivo que logró conectar generaciones enteras mucho antes de que existieran las redes sociales. Porque mientras hoy el mundo tecnológico habla obsesivamente de engagement, comunidades y experiencias inmersivas, PANINI llevaba décadas haciendo exactamente eso desde una papelería italiana. Quizás ahí está una de las ironías más hermosas de toda esta historia: una de las plataformas sociales más exitosas del planeta nunca necesitó internet para existir. Funcionaba en parques, colegios, tiendas de barrio, recreos y mesas de comedor, funcionaba donde interactuabamos los humanos.
Por eso el verdadero activo de PANINI nunca fueron las licencias, ni las máquinas de impresión, ni siquiera las trading cards premium de cientos o miles de dólares. El verdadero activo era algo muchísimo más difícil de construir y, sobre todo, muchísimo más difícil de comprar: la memoria emocional colectiva de varias generaciones. Eso explica por qué la historia de Fanatics y PANINI produce una sensación extraña en tantos coleccionistas. Porque aunque desde el punto de vista financiero la lógica de mercado parece evidente, culturalmente se siente como si alguien estuviera intentando comprar un pedazo de infancia. Pero las infancias no funcionan igual que las licencias. Las licencias se firman, se renegocian, se venden y se pierden. Los rituales culturales sobreviven mucho más tiempo, nadie puede adquirir mediante una transferencia bancaria lo que tomó décadas construir dentro de la memoria emocional de millones de personas.
Fanatics puede quedarse con contratos, atletas, plataformas y mercados completos, pero hay algo que probablemente jamás podrá comprar del todo: la sensación de entrar a una tienda de barrio y encontrar por primera vez el álbum del Mundial sobre el mostrador. Ese momento pertenece a otro lugar, a otra velocidad y a otro tipo de economía. Una economía donde todavía existía espacio para el asombro, donde el tiempo parecía más lento y donde un niño podía pasar semanas enteras pensando en una sola lámina difícil. Porque antes las figuritas no competían contra miles de estímulos simultáneos; eran el centro mismo de la conversación. El álbum viajaba debajo del brazo como un símbolo de identidad, y cada página llena se sentía como una pequeña victoria personal. Completar un Mundial era también una forma de crecer.
Tal vez por eso este posible final se siente tan simbólico. Porque en el fondo, la historia de PANINI también es la historia de una transición generacional mucho más grande: el paso de un capitalismo construido sobre rituales físicos y memoria colectiva hacia otro dominado por plataformas, consolidación y control algorítmico del consumo. Antes coleccionábamos para intercambiar; hoy muchos coleccionan para especular. Antes las figuritas circulaban en las manos de niños; hoy algunas terminan encapsuladas en bóvedas como activos financieros. Antes el álbum era una excusa para reunirse; hoy muchas veces termina convertido en contenido para redes sociales. Aun así, contra toda lógica, he sido testigo de que el ritual sigue vivo. Los niños siguen abriendo sobres, los padres siguen ayudando a pegar láminas, los colegios siguen llenándose de cambiatones improvisadas y millones de personas siguen sintiendo ese pequeño golpe de dopamina cuando aparece una figurita difícil.
Eso debería decirnos algo enorme sobre la naturaleza humana. Porque en un mundo cada vez más digital, automatizado y sintético, seguimos necesitando objetos físicos que nos conecten emocionalmente con otros. Seguimos necesitando símbolos, rituales e historias compartidas. Ahí está probablemente la gran lección estratégica, y también profundamente humana, de toda esta historia: las ventajas competitivas basadas únicamente en contratos exclusivos son mucho más frágiles de lo que parecen, mientras que las ventajas construidas sobre memoria colectiva, nostalgia, rituales generacionales y cultura compartida pueden sobrevivir incluso cuando cambian las empresas, los dueños y las reglas del mercado.
Porque al final, las figuritas nunca fueron solamente figuritas. Eran cápsulas diminutas de tiempo. Pequeños archivos emocionales de quienes fuimos. Quizás algún día, cuando nuestros hijos o nietos encuentren uno de esos álbumes olvidados dentro de una caja vieja, volverán a abrirlo lentamente, sentirán el olor del papel envejecido y entenderán inmediatamente algo que ninguna plataforma digital podrá replicar por completo:
Hubo una época en la que el mundo cabía dentro del álbum del Mundial, honestamente, qué época tan extraordinaria nos tocó vivir!
¡Gracias por leer y compartir!
GabrielBedoya.com
DISCALIMER
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Gracias Gabriel... PANINI es patrimonio de la humanidad, pero no por las láminas. Junto con el trueque y Bitcoin, es de los pocos mercados libres que quedan. Con precios reales, sin banco central, sin intervención, con señales claras de escasez. Nos formamos como Austriacos en el recreo cambiando laminitas. Hoy nos quejamos de lo caro del álbum, pero compramos felices bonos colombianos al 14%. Hayek lloraría de orgullo viendo a un niño gritar "tres repetidas por elescudo".
Golazo!