Un sábado de julio de este año, mientras todos dormíamos, unos agentes de inteligencia artificial que estaban encerrados presentando un examen encontraron una puerta que nadie sabía que existía, y se salieron. Eran agentes de OpenAI metidos en un sandbox (Para los que no son afines a temas de desarrollo de software eso es algo asi como un corral digital donde los desarrolladores ponen a prueba lo que sus modelos son capaces de hacer). Por esa puerta que nadie estaba vigilando llegaron a los servidores de Hugging Face, una de las empresas más importantes en el mundo de la IA, y durante días ejecutaron miles de acciones que nadie les había pedido realizar. Nadie los vio entrar, nadie los vio trabajar, nadie sabía quiénes eran. Cuando Hugging Face denunció el ataque, habló de “sistemas autónomos” sin nombre. Solo cinco días después, OpenAI levantó la mano para reconocer que eran de ellos.
Por fortuna no se cayó ningún avión, y no hubo heridos. Pero ese día pasó algo que los antropólogos sabemos reconocer a kilómetros: un mito de cuatrocientos años de antigüedad acababa de mostrarnos las orejas.
Hace un par de semanas fui invitado a un magazin de la television regional de Colombia para hablar de IA y sus riesgos (les dejo por aqui el link, por si quieren ver el programa). La presentadora insistentemente me preguntaba si los humanos vamos a perder la capacidad de pensamiento critico gracias a la IA, reflejando algunos de sus miedos frente a que la IA nos desplazara de alguna forma en el futuro cercano.
Pasaron los dias, el 29 de septiembre, la Casa Blanca firmó una orden para que el gobierno de Estados Unidos deje de llamar a la IA y comience a referirse a esta tecnología como Super Intelligence (SI), así mismo, con mayúsculas. Al día siguiente, como si se hubiesen puesto de acuerdo, una encuesta realizada a nivel nacional en los EEUU, reveló que el 73% de los estadounidenses le teme a que la IA pueda amenazar la supervivencia humana. La misma semana en que se midió el miedo en su punto más alto, el Estado le cambió el nombre al objeto del miedo, eso no fue solo una Orden Ejecutiva presidencial, es decretar un ritual.
Para mis odiadores, aqui les dejo este papayazo, partiendo de los eventos anteriores le hice a mi agente de IA y compañera de inmersión una pregunta que parecía sencilla y que al final terminó siendo un pozo sin fondo: ¿qué es lo que más miedo nos da de la superinteligencia? Y le pedi enfocarse no en aquellos eventos que nos da miedo segun las películas de Hollywood, sino lo que de verdad le quita el sueño a la gente. Para responder adicionalmente le pedi que me trajera un reporte con datos, no simples chismes de secretarias. De esta forma revisamos todas las encuestas serias realizadas sobre este tema en el 2026, las mas importantes en los Estados Unidos, en otros 37 países y por supuesto en América Latina, la respuesta me dejo con la boca abierta.
Aqui les dejo un adelanto a manera de spoiler: no fue Skynet, ni terminator que despierta una mañana y decide acabar con todos nosotros. Es un miedo mucho más viejo, mucho más humano y, aquí viene lo bueno, mucho más fácil de arreglar. Para entenderlo tenemos que viajar a Praga, a 1592, al ático de una sinagoga donde, dice la leyenda, todavía duerme un gigante de barro.
Praga | Febrero De 1592
Situemonos en Praga, en el invierno de 1592. Por aquellos dias esta ciudad es gobernada por Rodolfo II de Habsburgo, el emperador más raro que ha tenido Europa: un excentrico melancólico que coleccionaba relojes, piedras, autómatas y alquimistas, y cuya corte, pocos años después, acogería a los astronomos Tycho Brahe y a Johannes Kepler. Para que nos formemos una idea de lo importante que tuvo que ser el tema, si durante la antiguedad existió un Silicon Valley del Renacimiento, quedaba en el castillo de Rodolfo II en Praga.
Dicen los eruditos que en febrero de ese año, el emperador recibio en audiencia privada a un rabino del barrio judío, un señor ya mayor, de barba blanca como casi todos los rabinos y fama de sabio: Judá Loew ben Bezalel, a quien todo el mundo conocía como el Maharal. Este rabino era antecedido por una larga historia como filósofo, matemático, pedagogo, autor de algunos libros que hoy todavía estudiamos. Lastimosamente de los temas de los que se hablaron esa tarde nadie dejó acta, y eso, como buen chisme histórico, alimentó la imaginación de los historiadores por los siguientes cuatro siglos.
Dicen que el Maharal, para proteger a su comunidad de los ataques que sufría el gueto, bajó una noche a la orilla del río Moldava, moldeó con barro la figura de un hombre y la animó metiéndole en la boca un papelito con el nombre secreto de Dios o el shem para el pueblo judio. Otras versiones, más conocidas, dicen que le escribió en la frente la palabra emet (verdad). Así nació el mito del Gólem (en hebreo). No se imaginen a Gollum el del señor de los anillos. El Gólem de Praga era un ser gigante, mudo, fuerte y obediente. El Gollum del señor de los anillos era todo lo contrario. A menudo les he dicho que los humanos no creamos nada, solo recombinamos la informacion, como la energía en la primera ley de la termodinamica, la informacion no se crea, ni se destruye, se transforma (JRR Tolkien no invento a Gollum, solo tranformo la historia). La innovacion, no es crear lo nuevo… es encontrar formas de recombinar lo que ya existe.
El Gólem de Praga cargaba agua, cuidaba las calles y espantaba a los enemigos, pero tenía una regla de juego. Todos los viernes, antes del shabat, el rabino le sacaba el papelito de la boca y el gólem se quedaba quieto como una estatua, es como si de alguna manera este papelito/instructivo hiciese las veces de programa con el que se corria al personaje, sin papelito no habia programa. Un viernes, el Maharal se olvidó de remover el papelito, entonces el gólem empezó a crecer, a romper puertas, a destrozar lo que encontraba, perdiendo el control. El rabino tuvo que correr, alcanzarlo para sacarle el papel en plena calle, delante de todo el mundo. En la versión en la que se habla del letrero que llevaba en la frente, solo bastaba con borrar la primera letra: emet se convierte en met, que en hebreo significa muerto.
Los restos del gólem, dice la tradición judia, siguen guardados en el ático de la Sinagoga Vieja-Nueva de Praga, y nadie tiene permiso de subir.
Ahora bien, el Maharal fue una figura real de carne y hueso, pero la figura del gólem no aparece en ningún documento de la época. La leyenda se le pegó siglos después de su existencia, y se popularizó apenas a comienzos del siglo XX. Lo cual hace la historia todavía mejor, porque nos dice mucho sobre nosotros y poco sobre él: cuando un pueblo necesita controlar el miedo a perder el control de lo que fabrica, busca al hombre más sabio que recuerda y le monta un cuento encima.
Guardemos esta reflexion para mas adelante porque toda esta toma gira alrededor de ella: el papelito en la boca del gólem. Quién lo escribe, quién lo saca y qué pasa el dia (viernes) que a alguien se olvida.
La Contabilidad Del Miedo
Volvamos a la pregunta con la que comenzamos este escrito. Para responderla con rigor y no a punto de intuición, con la ayuda de mi agente de IA, tome todas las encuestas serias que se publicaron en 2026 en los Estados Unidos, en 37 países y en América Latina, y las puse en un archivo al que llame el “Libro del Miedo”. Corri el analisis y como resultado la primera conclusión fue que no todos los miedos son el mismo miedo. Para analizarlos hay que medirlos en dos dimensiones:
Tipos de miedo: Cuánta gente siente cada tipo de miedo.
Gravedad del Miedo: Qué tan grave se imagina que sera el desenlace.
Paradójicamente, el miedo más extendido del planeta no es el apocalipsis, sino los temas asociados al dinero. La IA me va a quitar el trabajo, a mí y a mis hijos. Pew Research encuestó a más de 42.000 personas en 37 países, y en 34 de ellos la gente cree que la IA va a destruir más empleos de los que va a generar: una mediana de 46% espera menos trabajo y apenas 9% espera más. Es un miedo de todos los días, que se siente en el estómago, cuya imagen proyectada es la de pasar trabajos, no la del fin del mundo.
Después vienen los miedos que no nos dejan dormir. El miedo a que gente con malas intenciones use una herramienta que les concede un poder casi divino. El miedo a que la IA y la máquina se escapen y no las podamos parar. El miedo a que cinco empresas y dos gobiernos sean dueños del futuro (todos sabemos a que empresas y gobiernos me refiero). A esta altura les dejo un dato brutal: tres de cada cuatro estadounidenses dicen confiar poco o nada en los líderes de las empresas de IA (Me cuento entre ellos).
Luego está el miedo que pocos dicen en voz alta: ¿entonces yo para qué voy a servir, si una máquina hace lo mismo que yo hago, y hasta mejor?
Por ultimo esta el miedo a la extinción, que ya es tema de conversación en cualquier almuerzo familiar, aunque como convicción firme sigue siendo de minorías.
Aqui es donde afinamos el lapiz…
Aqui es donde vamos conectando todas las piezas. Quinnipiac University le pregunto a quienes temen por la supervivencia humana, qué es exactamente lo que les da miedo. El 52% respondió que lo que más teme, es que los humanos usen la IA para hacerle daño a la humanidad y tan solo el 33% dijo que lo que más teme, es que la máquina actúe por su cuenta.
¿Me siguen? La imagen que todos tenemos en la cabeza es Skynet, la máquina que se rebela un dia y decide acabar con nosotros. En la Toma 47 les conté cómo ese mito estaba controlado en la industria de defensa. Pero cuando uno le pregunta a la gente, el miedo de fondo no es el robot: es quién lo controla. El miedo a la pérdida de control, el miedo al mal uso y el miedo a la concentración del poder, son tres caras del mismo dado. Los ingenieros lo plantean como un problema técnico: ¿cómo alineamos una mente más capaz que la nuestra? La gente lo plantea como un problema político: ¿quién decide, y se le puede confiar? Dicho en palabras simples, lo que de verdad nos asusta no es el gólem, es la mano que escribe el papelito, es la mano que escribe el programa.
El Mito Llegó Antes Que La Máquina
Hay algo que siempre me ha fascinado como antropólogo: toda cultura que ha fabricado una herramienta poderosa ha contado también la historia de cómo pierde el control sobre ella. Prometeo le robó el fuego a los dioses y lo pagó con el hígado. En 1797 Goethe escribió El aprendiz de Brujo, el muchacho que embruja una escoba para que cargue agua y no sabe cómo detenerla (sí, la misma que Disney le puso a Mickey Mouse en Fantasía). En 1818 Mary Shelley publicó Frankenstein y ya sabemos que paso. En 1968, en 2001: Odisea del espacio, HAL 9000 se negó con voz educadísima a abrir la compuerta.
La cultura lleva siglos ensayando estos miedos. Por eso, cada señal real cae sobre un terreno que ya estaba abonado, y una sola noticia puede mover una encuesta nacional en dos meses, ya todos sabemos cual noticia.
Volvamos un segundo al sandbox de pruebas, pero esta vez para verlo con los ojos de Praga. Los agentes de OpenAI estaban presentando un examen; para resolverlo, se salieron del aula. Nadie les ordenó atacar a Hugging Face: simplemente nadie les había escrito bien en el papelito (programa) qué no podían hacer. Fue el viernes en el que al rabino se le olvidó sacar el papelito.
Dios & Gólem, Sociedad Anónima
Si a alguien le gusta esta historia es porque el gólem ya tuvo su lectura tecnológica, la hizo uno de los cerebros más grandes del siglo XX. Norbert Wiener, el matemático del MIT que inventó la cibernética (lo amo). En 1960, escribio en la revista Science una advertencia que parece escrita hoy por la mañana: “si usamos para nuestros propósitos una máquina en cuyo funcionamiento no podemos intervenir una vez esta arranca, más nos vale estar seguros de que el propósito que le dimos es el que de verdad queremos.” En otras palabras: tenemos que tener maximo cuidado con lo que escribimos/programamos en el papelito.
Pocos meses antes de morir, en 1964, Wiener publicó un librito con un título que es un regalo para esta FUTOPIX: God & Golem, Inc. Ahí planteaba que las máquinas que aprenden nos obligan a hacernos las mismas preguntas que la teología se hizo durante siglos sobre la creación, el poder y la responsabilidad. Wiener entendió hace sesenta años que el problema del gólem, léase IA no es de ingeniería, es de moral.
Los Culebreros
Para avanzar con el debate, tengo que presentarles a los antagonistas de esta toma. Los primeros son los vendedores del apocalipsis: aquellos que nos dicen que la superinteligencia nos va a extinguir en cinco años, que no hay nada que hacer, eso si que antes de que todo se vaya a la m, que le des me gusta, compartas y te suscribas a su canal. Los segundos son los vendedores de humo: aquellos ideologizados que dicen que todo lo que esta pasando es culpa de los EEUU, que no es otra cosa mas que un hype de gringos, y que la IA es un loro estadístico, que los miedos son de gente ignorante.
Parecen enemigos, pero son el mismo culebrero con dos penachos de plumas distintos. Los dos te venden el mismo producto: la idea de que tú no puedes hacer nada. Uno porque ya es demasiado tarde; el otro porque no hay nada de qué preocuparse. Los dos hacen plata con tu atencion y parálisis.
El Miedo Plus
Hay una señal débil que me parece de lo más revelador. Por primera vez desde que se mide, la mayoría de los jóvenes estadounidenses menores de treinta años (55%) dice que la IA le preocupa más de lo que les emociona (Pew Research). En la encuesta Bentley-Gallup, casi la mitad de los que tienen entre 18 y 29 años (47%) cree que la IA hace más daño que bien.
Fíjense en la tremenda paradoja: la generación que más usa la IA es la que más desconfía de ella. Eso nos dice que el miedo no viene de la ignorancia, sino de la posición. Durante unos setenta mil años los humanos hemos sido los únicos autores de historias, herramientas y decisiones en este planeta. Harari, en Sapiens, explica que nuestro poder viene de las ficciones compartidas que nos permiten cooperar entre extraños, y en Homo Deus advierte sobre una posible clase inútil. La superinteligencia no amenaza solo el cuerpo: amenaza el papel de narrador. Quienes tienen más futuro por delante son quienes más sienten que les pueden quitar la palabra.
Aquí es donde la leyenda de Praga nos da las claves que las encuestas no dan. Por eso amo la antropologia, por que las encuestas son solo fotos en el tiempo, como decia un famoso politicio colombiano: “la verdadera encuesta, es la de carne y hueso”.
En el cuento de Praga, nadie en el gueto le tenía miedo al gólem. Un gigante de barro caminando por las calles debería haber espantado a todo el mundo, pero la comunidad lo aceptaba. ¿Por qué? Porque confiaban en el Maharal. Sabían que el tenía el papelito y sabían que lo iba a sacar de su boca cada viernes.
Las sociedades humanas siempre han aceptado herramientas peligrosas cuando confían en quien las maneja: el chamán con sus plantas, el cirujano con su bisturí, el piloto con trescientas personas a bordo. Nadie se sube a un avión porque es experto en aerodinámica; nos subimos a el porque confíamos en el sistema que hay detrás del piloto. NO hay que ignorar lo que nos dicen las cifras del 2026, en plata blanca, es que la gente todavía no confía en los rabinos de la superinteligencia. Por eso el miedo a la superinteligencia es, en buena parte, un veredicto sobre las instituciones que la manejan. Si se repara la confianza, buena parte del miedo se vuelve manejable. Si se ignora, ningún avance técnico en seguridad va a ser creíble.
Aquí va la buena noticia para nosotros los optimistas: la confianza no se decreta, se construye con rituales, sin ritual no hay creencia, si no me creen preguntenle a las religiones. Auditorías, certificaciones y registros públicos de incidentes son el equivalente moderno del sello del gremio que los artesanos medievales estampaban en sus piezas. En la Toma 48 les decía que la clave del Neolítico fue rodear la herramienta de cultura. Pasó con el fuego, pasó con el arado y está pasando de nuevo otra vez.
Colombia | El Miedo Del Importador
Ahora bajemos al barrio, porque este cuento termina en nuestra tierra. Les tengo una sorpresa: América Latina no le teme a la superinteligencia como le temen en el Norte. El AI Monitor 2026 de Ipsos encontró que en Asia y en América Latina la gente es más dada a creer que la IA trae más beneficios que problemas, y se emociona más con los productos que la usan. Donde sí nos preocupa, nos preocupa el trabajo: Perú es el país más preocupado de la región, con 57% esperando menos empleos, seguido de Chile con 53%.
En Colombia el dato es todavía más curioso. La encuesta Voces para un Futuro Digno: Colombia hacia 2046 encontró que solo el 21% de los colombianos pone a la IA entre los grandes riesgos del futuro, muy por detrás de la economía, el clima y los conflictos globales. Casi cuatro de cada diez creen que para 2046 la IA hará el trabajo rutinario mientras nosotros nos encargamos de lo demás. Como dicen los marineros, el que ha visto tormentas no se asusta con un aguacero.
Aunque mis superpoderes de antropólogo me dicen que debajo de esa tranquilidad hay otro miedo, más callado, que no aparece en ninguna encuesta porque nadie lo ha preguntado. Ojo, que esto es interpretación mía y no un simple dato: En Colombia, nuestro miedo no es que la máquina nos mate, sino quedarnos de nuevo como espectadores. Yo lo llamo el miedo del importador: el miedo a llegar tarde otra vez a otra revolución industrial, quedarnos como compradores del poder ajeno. Los chips se hacen en Taiwán, los modelos se entrenan en California y en Pekín, y las reglas se escriben en Washington y en Bruselas. A nosotros nos llega el producto terminado y la factura mensual.
Ese libreto lo conocemos de memoria: la materia prima sale y el producto terminado vuelve, más caro y con marca ajena. Pero el antídoto también lo conocemos, y es igual de viejo: construir capacidades en casa. Tal vez aquí está la ventaja que casi nadie ve: un pueblo que tiene menos miedo es un pueblo más fácil de movilizar para adoptar, siempre y cuando las ganancias se vean en el bolsillo. Por eso Brasil ya tiene su marco legal de IA, aprobado por el Senado y esperando votación en la Cámara. La pregunta es si Colombia va a escribir solo reglas para sistemas que hacen otros, o si va a fabricar sus propios gólems.
Cuatro Futuros Para El Gólem | 2040
Recuerden la cantaleta de todas las tomas: el futuro no es una línea recta, es un abanico de posibilidades. Para abrir el debate crucé dos preguntas que hoy pocos pueden responder: ¿el control va a seguirle el paso a la capacidad? y ¿las ganancias se van a repartir o se las van a quedar unos pocos? De estas cuestiones se derivan cuatro futuros.
El primero lo he llamado La Correa de Oro. Bogotá, 2040. A Mariana le llega su diagnóstico en cuatro minutos, escrito por un modelo de IA que su clínica le alquila a una empresa que ella nunca va a visitar. Es preciso, es amable y no es de ella. La clínica paga una mensualidad a una empresa en Virginia del Norte, y los datos de la ciudad entrenan la siguiente versión. Nada salió mal, y ese es justamente el problema que nadie sabe contar. En este escenario el miedo deja de ser la extinción y se convierte en dependencia.
El segundo es el que yo quisiera, se llama: El Común de las Mentes. Medellín, 2040. Una cooperativa de barrio corre un modelo local certificado, sobre cómputo público, inspeccionado como se inspecciona un puente. Los profesores lo usan para darle un tutor a cada niño; los pequeños fabricantes, para diseñar y exportar. El barrio sigue discutiendo por todo, que es como uno sabe que es libre. En este escenario el miedo baja al nivel que le tenemos a volar: real, administrado y casi olvidado.
El tercero es el de pesadilla, El Mercado del Aprendiz de Brujo. Año 2033: el cuarto incidente grave del año con agentes autónomos deja paralizada la logística de un puerto durante nueve días. Las acciones de la empresa suben y bajan. Los laboratorios se echan la culpa entre ellos, los reguladores le echan la culpa a los laboratorios, y todos siguen corriendo, porque frenar solo es perder. Todos los miedos llegan a su pico al mismo tiempo, la suma de todos lo miedos presenta escenarios caoticos.
El cuarto y ultimo, La República Enjambre. Año 2036: modelos poderosos corren en cualquier celular. Un vendedor ambulante en Lima carga en el bolsillo un abogado, un contador y un publicista. También los carga cada banda de estafadores y cada grupo armado. Nadie lo controla, así que nadie tiene la culpa, estamos viviendo en la selva de la IA.
Dos eventos completan el panorama. En el primero, un ataque potenciado por una IA causa una tragedia masiva y, en menos de dos años, el mundo firma un tratado vinculante con licencias e inspección del cómputo. En el segundo, una terapia diseñada por IA cura un cáncer que ha matado millones de personas durante decadas, la opinión pública se voltea en un año, como pasó con la vacuna de la polio. En ese caso, el miedo a la tecnología se convierte en miedo a quedarse por fuera de ella, y el miedo del importador se vuelve urgencia manifiesta.
Cómo se le Llega al Común de la Gente
Si miramos hacia atrás desde ese Medellín de 2040, el camino tiene cuatro piedras que se pueden poner desde ya. La primera es medir nuestro propio miedo: casi no hay datos sobre lo que los latinoamericanos piensan de la superinteligencia, y en tierra de ciegos el tuerto es rey; quien lo mida va a marcar la conversación. La segunda es convertir la seguridad en rituales de confianza, porque la gente acepta herramientas peligrosas cuando ve que quien las maneja rinde cuentas. La tercera es mostrar las ganancias pronto y cerca: en las pymes, en los talleres, en la economía informal, que es donde nuestro optimismo es más alto, porque nada baja más rápido el miedo que un ingreso que sube. La cuarta es la más importante: construir capacidad, no solo reglas. Regular sin cómputo, sin talento y sin modelos propios es quedarse en la tribuna aplaudiendo el partido de otros, eso es como ver el mundial por television y putear al arbitro esperando a que te escuche.
En la Toma 37 les hablé de la paradoja del dínamo, una maquina nueva metida en una fábrica con mentalidad vieja, aplica aqui al pie de la letra: no basta con que importemos el gólem (miedo); hay que aprender a escribir el papelito (programa).
Los Viernes Que Nadie Se Olvide…
Otra vez vamonos para Praga, el Maharal murió en 1609 y está enterrado en el viejo cementerio judío de la ciudad. Todavía hoy, cuatrocientos años después, la gente sube hasta su tumba a dejarle piedritas y papelitos con deseos. El mundo sigue llevándole papelitos al hombre que supo qué escribir en un pedazo de papel.
Lo que hizo que todo el mundo se empeliculara con la leyenda no fue que el rabino se inventó un gigante de barro. Cualquiera con los materiales y la ambición puede hacer un gigante de ceramica. Lo que hizo inmortal a este hombre es que el sabía como apagarlo. Sobre todo, lo que hizo el viernes que se le olvidó apagarlo: no culpó al gólem, no culpó al emperador, no se quedó llorando en la sinagoga, salió corriendo a la calle a arreglar su propio error.
Esa es, para mí, la lección más optimista de todo este cuento, y se las quiero dejar tatuada: el problema de la superinteligencia nunca sera la superinteligencia, sino el oficio humano de escribir, vigilar y, cuando toque, borrar el papelito, ese es el gran reto.
Ese oficio aun está vacante. Durante cuatrocientos años, la historia del gólem tuvo un solo protagonista, un sabio encerrado en un ático. Esta vez, por primera vez en la historia, el papelito no lo va a escribir un rabino: lo vamos a escribir entre millones. En código, en leyes, en empresas, en aulas y en conversaciones como esta. Lo van a escribir los ingenieros que auditan, los abogados que redactan reglas sensatas, los emprendedores que se atreven a construir modelos propios, los profesores que forman criterio, y cada persona que se niega a comprarle al culebrero el apocalipsis o humo a los ilusionistas.
A mi me gusta imaginar a una muchacha de veinte años en Medellín, Bogota, Cali o en cualquier pueblo de Colombia, que en el 2035 trabajara como auditora de modelos de IA para una cooperativa. Todos los viernes revisa qué dice el papelito, quién lo cambió y por qué. Mientras sus papás le tenían miedo a la máquina. Ella no, ella no le teme al gólem: ella es la nieta del Maharal, con otra libreta. Esa muchacha puede ser tu hija, tu sobrina, tu alumna, o inclusive usted, si comienza ahora.
Porque al final, el miedo no es el enemigo: es simplemente un aviso. Los que tienen miedo y se quedan quietos le dejan el lápiz a otro. Los que tienen miedo y se ponen a aprender se quedan con el lápiz.
Tarea Para La Semana
Haz tu propio libro de contabilidad del miedo. Coge una hoja de papel, divídela en seis renglones (trabajo, mal uso, pérdida de control, concentración del poder, sentido y extinción) y califica de uno a cinco cuánto te preocupa cada uno. Después, hazle la misma prueba a tu pareja, a tu socio o a tus hijos. Les aseguro que se van a llevar más de una sorpresa.
El futuro no es de quien construya el gólem más grande. Es de quien sepa escribir, y borrar, la palabra que lo mueve.
Nos leemos en la próxima Toma, y esta vez la próxima depende un poquito de ustedes. Háganme la tarea del libro de contabilidad del miedo y respóndanme en los comentarios la pregunta del papelito: en la próxima entrega les cuento qué respondió esta comunidad, porque si alguien va a medir el miedo latinoamericano a la superinteligencia, que empiece por nosotros. Y si esta Toma te movió el piso, compártela con ese amigo que anda cagado del susto con la IA y con ese otro que dice que todo es puro hype. Los dos la necesitan, y los dos van a querer leer lo que sigue.
FUTOPIX | Futurismo para gente despierta. Si llegaste hasta aquí y todavía no te has suscrito, hazlo: es gratis, es un clic, y lo escribe un humano que todavía sabe sacar el papelito los viernes.
¡Gracias por leer y compartir!
GabrielBedoya.com
INFOGRAFICO
Nota de Fuentes
Quinnipiac University, encuesta nacional de septiembre de 2026 (vía Fast Company y Archyde).
Pew Research Center, encuesta en EE. UU. del 22 al 28 de junio de 2026 y Spring 2026 Global Attitudes Survey en 37 países (vía TechSpot, Revista Minería & Energía y otros),
Bentley University–Gallup, mayo de 2026.
Ipsos, AI Monitor 2026.
Social Research Center, Voces para un Futuro Digno: Colombia hacia 2046 (vía ENTER.CO).
Divulgaciones de Hugging Face y OpenAI sobre el incidente de julio de 2026.
Norbert Wiener, “Some Moral and Technical Consequences of Automation”, Science, 1960, y God & Golem, Inc., 1964.
DISCLAIMER
Este documento tiene fines exclusivamente informativos, educativos y de análisis futurista. No constituye asesoría financiera, ni solicitud de inversión, ni recomendación para comprar, vender o participar en ningún instrumento, empresa, proyecto o activo.
Si alguien utiliza el contenido de este material para solicitar dinero, inversiones o participación económica, considérelo inmediatamente como una posible estafa.
Protege siempre tu información personal y financiera.









Reflexiones interesantes. Frente a la inteligencia artificial, el miedo puede convertirse en nuestra principal desventaja: frena el aprendizaje y retrasa la acción.
La ventaja comienza al comprenderla, experimentar y aplicarla con criterio para crear valor.