No es una tragedia que el talento mire hacia afuera; la tragedia es un sistema que lo trata como sospechoso desde el momento en que empieza a producir. Un país que celebra al emprendedor en el discurso pero castiga su crecimiento en la práctica no está construyendo prosperidad: está subsidiando la mediocridad. Cuando la estructura premia la pequeñez, la dependencia y la obediencia regulatoria por encima de la ambición productiva, los mejores no huyen por falta de patriotismo, sino por respeto a su proposito de vida. Muchas gracias por compartir tu vision.
Gabriel, gracias, nadie pudo explicarlo mejor, parece mi historia.
No es una tragedia que el talento mire hacia afuera; la tragedia es un sistema que lo trata como sospechoso desde el momento en que empieza a producir. Un país que celebra al emprendedor en el discurso pero castiga su crecimiento en la práctica no está construyendo prosperidad: está subsidiando la mediocridad. Cuando la estructura premia la pequeñez, la dependencia y la obediencia regulatoria por encima de la ambición productiva, los mejores no huyen por falta de patriotismo, sino por respeto a su proposito de vida. Muchas gracias por compartir tu vision.
Gran escrito Gabriel, muchas gracias por compartirlo.